La mujer del césar.


Los Rebeldes – No Me Gusta Trabajar (1985)

Ayer tuve movida en el curro. Fue de esas movidas que actúan como el Cantábrico, por lo bajini, de marejada, fue a última hora y no sonó un solo grito. Me fui rebotado y bien rebotado porque odio con toda mi alma dar ni un minuto de mi tiempo a la empresa, a ésta o a cualquier otra y me hicieron estar 20 minutos más, 20 miserables minutos dirás, pero que me sentaron peor que los 500 años de cruz y palos a la gente de América Latina, peor que la ocupación violenta del cuerpo de una mujer, peor que una patada en los huevos después de comer. Y eso que, aunque engancho a las ocho, acostumbro a estar como 10 ó 15 minutos antes porque con la jarcia que tengo en la Escuela me puedo esperar cualquier cosa. Quiero decir que raro, raro, raro es el día que no estoy antes de hora sentadico ya delante del ordenador, preparando los controles de asistencia y demás historias del cada día del currelo.

Bueno pues hoy para empezar bien la mañanica, toma terapia de grupo que se monta el jefe a cuenta de los caretos que le puse y esto y lo otro y lo de más allá. Como es costumbre en estos casos, no se ha concedido derecho de réplica al reo, pero uno que es ex trotsko, rocker heterodoxo y del ACTUR no podía por menos que decir algo. Claro que sí. Buen rollito sí, pero en doble sentido y en horario laboral. Y como la escuela nuestra es como la ONU pero sin corbatas y con una media de edad pelín, pelín más baja, pelín melenudo este pelín, pues la cosica ha vuelto a su cauce y tira que te va hemos ido llevando la mañanica. Total que, al rato que vuelvo de ver a los zagales, me viene el dire y me pone cara y voz de secreto, justo después de haber estado con otro que es todavía más jefe. (¿Cómo es posible que haya tantos jefes, digo yo?) Pues nada, se jodió la paz, me digo, vuelta a pillar cachico, el caso es tocarle las pelotas a este cristiano, y lo de cristiano va de coña, porque yo creer en eso ni de cola. Pero no, mira tú por dónde esta vez el Emilín no andaba por el medio del marrón. Resulta que habían reventado la máquina de los dulces que hay en el curro, ésa que lleva Napolitanas, zumos, panizo y toda la basura dietética que puedas imaginar y, claro, no podían haber sido otros que mis chavales. Mira tú por dónde . Y eso que no se mueve peña ni nada donde yo estoy, apenas, sólo una poquica, que si les tuvieras que invitar a cenar a todos te hacías un roto de olé.

El tema es que ésta era la causa del extraño gesto facial del jefe mío y cuando me ha contado la movida, por una lado he respirado porque no iba conmigo, pero por otro rápido he visto que no habían sido los críos, porque son guindillicas, de eso no hay duda, pero reventar la máquina y en horario de curro, sin levantar sospecha ni liarla gorda, no sé muy raro me ha sonado. Se ha debido de liar bien la cosa entre los de arriba y todos, menos mi jefe, todo hay que decirlo, señalando a los de la Escuela. Claro, la mierda cuánto más lejos de casa nuestra mejor. El tema es que no sea que el oloracho se te quede metido en la nariz días y días y eso signifique que, al final, el que echaba balones fuera, era el que tenía el bombo. ¿No querías caldo? Pues tazón y medio, tonto del haba. Porque esto es como lo que se dice de los pedos: el que primero lo huele, debajo de su culo lo tiene. Y los míos no se han pucavado, que han sido otros y que mira tú son mayores y más “guerrilleros”.

En fin que este miércoles cualquiera sin más secretos que los que ya tuviera ayer, a las tres sin más segundos, ni micras de segundo, ni centésimas, ni ná, me he pirado y ahí he dejado a los mainates con sus cosicas. Yo me he ido a echar una cerveza y luego me he bajado al barrio que estaban el Punteretas y unos cuantos después de firme vermú que se han clavado con las cañicas de rigor.

Reumiendo y para ir plegando ya, de hoy saco las siguientes conclusiones:

Una. Tranquilico en el curro porque pillar vas a pillar, el caso es no achantar ni dejar que te soplen detrás de la oreja. Dignidad y si hay que jurar se jura, que en Aragón las sabemos soltar recias por la boquica.

Dos. Ahora pillo yo, pero suave champion, que el mundo desde que lo dijo el Galileo, creo, se acepta como redondo, lo que quiere decir que esto da mil vueltas y si pretas un poco la tuerca hasta dos mil doce. Cuida no te roce.

Tres. Desconfía de las acusaciones fáciles y que tienen el blanco despejado. Al lorín francotirador del tres al cuarto, de boquilla escasa y verbo torpe y pretencioso, no sea que mientras apuntes te sacudan una colleja y te salga el tiro por la culata.

Cuatro. Estos chavales míos serán una panda de cabrones, no digo que no, pero son mi panda de cabrones y hoy han cambiado el rumbo de la suerte que me habían adjudicado.

Al final es lo que decían de la mujer del césar, que no sólo tenía que serlo sino parecerlo. Pues eso, yo con cara de puta y bien de puta. Como la mujer del césar, el antiguo y el moderno, el de Roma y el de no tan lejos,

Salud y no reblar.

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