The Jayhawks, porque estoy tierno.


Jayhawks . Save it for a rainy day.

The Jayhawks provienen de Minneapolis, ciudad famosa por ser la cuna de artistas del calibre de Bob Dylan o Prince, además de por contar con una fértil escena local liderada por los míticos Hüsker Dü y Replacements en los ochenta y por otras bandas importantes como Soul Asylum o los propios Jayhawks años después. Sus inicios se remontan a 1985, cuando Mark Olson, Marc Perlman y nuestro interlocutor, Gary Louris, se juntaron. “Queríamos hacer algo diferente a lo que hacía todo el mundo. Mezclamos nuestras raíces bluegrass y folk con una actitud rockera, y de ahí nacieron The Jayhawks” . Tras una gran reputación como banda en directo, plasmaron el repertorio que habían estado tocando sin cesar durante esos años en dos discos prometedores, pero sin el gancho necesario, por no mencionar su raquítica producción: “The Jayhawks”, (1986) y “Blue Earth” (1989).
“De lo que más orgulloso estoy es de haber sabido conjugar la roots music con nuestros gustos rockeros y pop”.
Llegados a este punto, la banda necesitaba un revulsivo que mostrase su verdadero potencial y el enorme talento de sus dos líderes indiscutibles, autores de prácticamente todos los temas: Mark Olson y Gary Louris. El empujón llegó de mano de Def American, sello recién creado por el rey midas de la música americana, el productor Rick Rubin, ampliamente conocido también en el ámbito del hip hop con Def Jam (LL Cool J, Beastie Boys…), quien los fichó a principios de los noventa, junto a Black Crowes, Dan Baird (ex Georgia Satellites) o el mismísimo Johnny Cash, entre otros, exponentes todos ellos de una tradición country o rockera. “Def American era en ese momento -de la explosión del grunge- un sello único. Fue muy influyente, porque aglutinó a grupos muy distintos, pero con un nexo de unión. Fíjate en Johnny Cash; él representa el eslabón entre la música tradicional, el country y el rock. Él está en medio de lo que nosotros hacemos” . Con George Drakoulias, productor tirano, perfeccionista y obstinado donde los haya (que les pregunten a Screaming Trees o a Black Crowes, que llegaron incluso a las manos con él en el estudio), The Jayhawks logran grabar su primer gran disco: “Hollywood Town Hall” (1992), un perfecto exponente del sonido intemporal, clásico y fresco de la banda, que por fin les colocaba en el candelero musical. Varias publicaciones lo consideraron como disco del año 1992, y por fin comenzaron a sonar en emisoras mientras la crítica y los fans se volcaban con ellos. Es aquí cuando se comenzó a hablar en USA de un movimiento neo-country formado por bandas como Uncle Tupelo y su posterior derivación en Son Volt y Wilco, The Jayhawks, así como otras muchas, cuyo soporte era la revista alternativa No Depression, y que tomaron el relevo del grunge cuando la muerte de Kurt Kobain y el agotamiento de su fórmula no daba para más. Pero, ¿existió realmente una escena country-rock? “Sí encajamos junto a esas bandas -me encantan todas ellas-, pero nosotros siempre hemos querido algo más que folk y country. De lo que más orgulloso estoy es de haber sabido conjugar la roots music con nuestros gustos rockeros y pop. Es como una lucha entre varios géneros musicales. Pero de ahí a un movimiento o escena, no” . Y tiene razón Gary Louris, porque la suma de personalidades, de influencias y de matices es tan variada en su sonido que desembocó en un disco tan impresionante como “Tomorrow The Green Grass” (1995).
“Cuando estás en una multinacional juegas un juego que Mark (Olson) odiaba: la promoción, el éxito que nos vino entonces…”
Con Drakoulias otra vez a los mandos, la banda se permitió repasar con una sencillez aplastante varias décadas de música popular, incluyendo un repertorio casi perfecto, unos duetos vocales entre Louris y Olson que hacía muchos años no se recordaban, y, esta vez sí, un éxito casi masivo, Europa incluida. Sin embargo, y volvemos otra vez al tópico de las maldiciones del rock, Olson dejó la nave en el mejor momento. Casado con la cantante folk Victoria Williams, quien estaba aquejada de esclerosis múltiple, y harto de la industria musical, se fue el “miembro folkie” del grupo. “Toda la vida nos han dicho que Mark era el folkie y yo el poppie, pero eso no es cierto. Él adora el pop como yo el country. Cuando lo dejó Mark fue terrible. Estar en una banda es algo muy tramposo, porque tienes que estar atento a cientos de detalles. Nosotros llevábamos diez años juntos. La principal razón por la que Mark abandonó, aparte de para estar con Victoria, fue por la industria. Cuando estás en una multinacional juegas un juego que él odiaba: la promoción, el éxito que nos vino entonces… Pensó que dejarlo sería lo mejor, y lo aceptamos, aunque nos dejó muy tristes” . La banda quedó tocada, porque el cincuenta por ciento de las composiciones y un miembro fundador se quedaron en el camino para seguir uno propio, alejado del ruido del mainstream. No en vano, Mark Olson acaba de publicar el excepcional “My Own Jo Ellen” (Glitterhouse, 2000) junto a su esposa, Victoria Williams, un trabajo de claro calado country y que respira un maravilloso olor a América profunda, a raíces. Llegados a este punto, ¿qué hacer? Lejos de disolverse o abandonar, reclutaron a Kraig Johnson (ex Run Westly Run) a la guitarra y a Tim O´Reagan como batería fijo, y parieron, bajo las riendas compositivas de un hundido Louris, su disco más infravalorado, “Sound Of Lies” (1997). Tras dos impresionantes discos consecutivos, la dirección que tomaron fue un paso adelante, puesto que se huyó de la repetición de esquemas y se buceó en otros registros, especialmente dentro del pop: pop en su máxima expresión sin perder el “sonido Jayhawks”, pero más melódico si cabe. “Hicimos “Sound Of Lies” de manera muy indie, en el sentido de que grabamos lo que sentimos. Es un disco muy reflexivo, con un sonido solitario y hecho desde la melancolía que sentía en aquel momento”. Además de los Jayhawks, un nuevo proyecto entró en escena: la superbanda Golden Smog. Formada por miembros de Soul Asylum (Dan Murphy, y eventualmente Dave Pirner), así como por el propio Gary Louris, Kraig Johnson y Jeff Tweedy de Wilco entre otros, con dos álbumes (“Down By The Old Mainstream”, 96, y “Weird Tales”, 98) y un Ep en el mercado sencillamente impecables, que abarcan todas las influencias de esos músicos, desde Big Star a los Byrds, pasando por los Stones o The Band. ¿Cómo lo hacen para aunar tanto talento? “Me alegro que me preguntes por Golden Smog, porque el próximo miércoles tocaremos juntos por primera vez desde hace dos años. La idea surgió entre varios amigos músicos. Nos gusta juntarnos y tocar juntos, pero no tenemos un calendario fijo”. Llegamos al año 2000, donde The Jayhawks ha grabado su disco más controvertido hasta la fecha, “Smile”. Y es que una horda de fans puristas se han indignado con el nuevo giro que han tomado algunas (pocas, eso sí) canciones como “Somewhere In Ohio” o “(In My) Wildest Dreams”, cargadas de loops y ritmos cercanos a la música de baile, mientras que se tiran de los pelos por un supuesto giro comercial de muchas canciones. Por otro lado, otro grupo de gente se ha interesado por primera vez en ellos. ¿Qué ha ocurrido? ¿Se han vendido los Jayhawks al mainstream? “Eso es una tontería. Como se ha visto, si nuestro objetivo era vender discos, hemos fracasado (risas). “Smile” no es para nada un disco que se pueda poner de moda. Si hubiéramos querido estar de moda, deberíamos haber hecho un disco negativo, agresivo… La única pretensión cuando hicimos este disco era hacer algo bello, sin ninguna expectativa comercial. “Smile” nace de una introspección colectiva, frente a “Sound Of Lies” más solitario. No es para nada un disco calculado. Cuando creas, pintas o compones no calculas. En este caso, no me sentía motivado a hacer algo tradicional como otras veces. Hay gente que se piensa que estamos todo el día montando a caballo con espuelas y no es así. Las cosas simplemente ocurren, y es lo que pasó con este disco”. El disco ha sido producido por el legendario Bob Ezrin, productor de bandas tan genuinamente setentas como Kiss, Alice Cooper o al propio Lou Reed, un productor que pule enormemente el sonido, como queda demostrado en este “Smile”, y posible causante -sólo en parte- de un pequeño giro a algo más accesible. Pero dejémoslo. Es inútil seguir con la polémica de si los Jayhawks se están volviendo cada vez más radiables, comerciales o de si están abandonando su pasado más tradicional. Eso es lo de menos. “Es como U2 o REM, a los que no puedes encuadrar en una categoría concreta, es simplemente creatividad”. Sencillamente, ésta es la banda a la que podrás ver en tu ciudad a partir de febrero. Una las joyas escondidas de la década de los noventa, un grupo con un toque artesano y con un aire melancólico flotando por cada una de sus canciones, y eso sin tener en cuenta su particular sonido. Una banda veterana, curtida y con uno de los mejores directos que se pueden ver en la actualidad. “Mira, somos una muy buena banda de directo. Llevamos muchísimos años tocando. Sabemos lo que hay que tocar y lo que no hay que tocar. Somos varios músicos, y trabajamos hasta el último detalle de las melodías”. Razones más que suficientes para no perdérselos por nada del mundo. Aunque pequen de inmodestos.

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